sábado, 26 de mayo de 2018

Alzar el vuelo feliz, embaucada por las bellas palabras leídas en un blog, para poco después recibir un perdigonazo en el aire que te desgarra el alma.

Otra vez.

Y caer en pleno vuelo sin ánimo ni fuerzas en manos de quién ha disparado, que promete curarte, a sabiendas de que posee el arma que puede matarte...

Y sentirte débil, vulnerable. Un juguete roto al que van a intentar reparar, y solo Destino sabe si acabará también en el vertedero.

El dolor del desgarro es inconmesurable.