Sopla la Dama de la tristeza enfundada en blanco, sopla y apaga las velas de los dulces deseos que se marchitan entre vacuos recuerdos imaginarios.
Marchitos recuerdos que marchitan rostro. La efímera alegría ficticia se desvanece como si nunca hubiera ocurrido.
Es que nunca había ocurrido. Lo admito.
No tengo ganas ya de batallar en guerras perdidas. Hoy leí el canto de un libro que decía "Si tu me dices ven, lo dejo todo - pero dime ven-" . Y eso es justo el resumen: lo dejo todo, pero no me dices ven.
Ahora también dejo la ilusión de lado.
No me incluyes ni en tu vida ni en tus pensamientos. Nunca lo harás. Tus palabras se ocultan entre educadas frases de diplomacia casera. No es no, y no sólo lo es por ahora.
Nunca debí confiar. Tus límites autoimpuestos son la barrera más infranqueable a la que jamás me he enfrentado.
Porque ni te gusto ni te intereso. Craso error, inimaginable dolor.
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