Vienes.
Vienes y me embarga la felicidad del recuerdo de los días pasados contigo.
Vienes y mi sangre fluye lustrosa, entre el gozo y el miedo que me paraliza pensando que mejor, no me haga ilusiones por si decides lo contrario.
Vienes, y no puedo pensar en otra cosa.
Todos los días pasa por delante de mi ventanilla un chico invidente que me recuerda a ti. Todos los días imagino que eres tú, que vienes y me das una sorpresa, fundidos en un profundo abrazo...
Vienes. Ahora vienes. Es todo tan bonito que resulta aterrador.
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