Exhalando a golpes el pútrido aliento que emana cargado de gritos. Así me encuentro, cuando el desahogo se vomita sin remedio.
Cuando fluye todo lo que callabas, de forma desesperada, como si de una posesión se tratara... Imparable, imperdonable.
Un grito ahogado en la desesperación de quien da esperando recibir lo que nunca llega. Lo que nunca llegará.
Y me agarro a una frase diplomática dicha sin gana como un clavo ardiendo que restaura mi vida perdida. Dramática. Patética.
Te pierdes en tu talón de Aquiles, te descentra, te domina. Te aniquila.
NO soy persona, ni de una forma ni de la otra.
No puedo vivir sin saber que estas ahí. No puedo, es imposible.
Soy la corriente eléctrica que
ResponderEliminarcorre valientemente por mis
órganos desorganizándolos, su-
presión, un régimen despótico de
retículas apresanttes; presas para el
flujo del deseo, para todo flujo
que fluidiza la sangre de mis
venas, la bombean a borbotones, sí,
arranca de los conductos indiferentes una
porci´n de vida no herida por la
represión impuesta por los lenguajes, la
lengua del poder que produce conceptos
aptos para el dominio del cuerpo
sombreando el destello fulgurante de la
vida, su alegría desmedida, como una
cuchilla atraviesa los estrates de
la Iglesia, el Mercado, el Estado.
Y suspiro, ¿he escapado? Un cuerpo
formado de enunciados del régimen
de signos ya dado, asumido por el
esclavo, relajado. ¿A qué esperas para
comprender que el pensamiento es acción, es rebelión?