jueves, 4 de abril de 2019

Exhalando a golpes el pútrido aliento que emana cargado de gritos. Así me encuentro, cuando el desahogo se vomita sin remedio.
Cuando fluye todo lo que callabas, de forma desesperada, como si de una posesión se tratara... Imparable, imperdonable.

Un grito ahogado en la desesperación de quien da esperando recibir lo que nunca llega. Lo que nunca llegará.

Y me agarro a una frase diplomática dicha sin gana como un clavo ardiendo que restaura mi vida perdida. Dramática. Patética.

Te pierdes en tu talón de Aquiles, te descentra, te domina. Te aniquila.

NO soy persona, ni de una forma ni de la otra.

No puedo vivir sin saber que estas ahí. No puedo, es imposible.

1 comentario:

  1. Soy la corriente eléctrica que
    corre valientemente por mis
    órganos desorganizándolos, su-
    presión, un régimen despótico de
    retículas apresanttes; presas para el
    flujo del deseo, para todo flujo
    que fluidiza la sangre de mis
    venas, la bombean a borbotones, sí,
    arranca de los conductos indiferentes una
    porci´n de vida no herida por la
    represión impuesta por los lenguajes, la
    lengua del poder que produce conceptos
    aptos para el dominio del cuerpo
    sombreando el destello fulgurante de la
    vida, su alegría desmedida, como una
    cuchilla atraviesa los estrates de
    la Iglesia, el Mercado, el Estado.
    Y suspiro, ¿he escapado? Un cuerpo
    formado de enunciados del régimen
    de signos ya dado, asumido por el
    esclavo, relajado. ¿A qué esperas para
    comprender que el pensamiento es acción, es rebelión?

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