lunes, 11 de marzo de 2019

Tejer.


Hoy toca tejer a punto de arroz. Una vuelta al derecho y otra al revés, una vuelta al derecho, otra al revés... y así todo el punto, derecho y revés, como la vida misma.

Hoy no siento ya la alegría ni la fuerza de horas pasadas. Me sentí genial contigo... todo podría ser tan fácil...
Pero el revés de la vida es que ningún sentimiento sea recíproco.
La vida del derecho, junto a ti. el revés, que viene dado por la bofetada de realidad.

Una amiga soñó conmigo esta noche, que cogía las agujas y tejía un manto de primavera. Hecho de flores y hojas, no era ninguna tela. Era la misma primavera. Yo solo dormía envenenada por el cansancio y los opiaceos, sin enterarme de nada, mientras otros sueñan con lo mejor de mi.

Tejer.
Sin más.
Olvidar los desdenes, cuando deseas irrefrenablemente decirle a ese ser maravilloso que tenías al lado apenas veinticuatro horas antes, que le quieres cerca de por vida. Pero saber, muy dentro, que no desea lo mismo.
Nadie lo hace nunca. Nadie quien yo desee que lo haga.
Y lo hace quien no querría.
Y así siempre en la espiral de inconformismo de la existencia humana, tan compleja, tan ininteligible.

Vuelta del derecho, vuelta del revés.
El derecho fue la ilusión por pasar el fin de semana contigo. El revés la vuelta a esta realidad perturbadora.

Hay sueños que, si no se sacan de las sábanas, saben mucho más dulces.
Tejer primaveras, soñar con que alguien te quiere y se desvive por estar a tu lado. Ese sueño, como una serie televisiva que se alarga en capítulos tranquilizadores. Pasan las horas sin más, mirando la pantalla de tu mente. El protagonista eres tú y por fin te han dado un papel que te gusta.

Y tejes, para centrarte en no confundir los puntos. Tejes. Tejes sueños, primaveras, tejes recuerdos, tejes personas que no estarán a tu lado más tiempo. Porque vuelve esa esencia del rechazo, que repele. ¿Qué tengo, que no os alcanza? ¿Qué tengo, que rechaza? Las preguntas de siempre, asignatura sin temario.

Tejer para olvidar, no pensar. Tejer en la patética realidad que me atormenta.


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