martes, 15 de enero de 2019
Solo yo.
Solo yo tengo la culpa, pero de nada más que haber sido una completa imbécil.
Entregarme a ti de esa manera a cambio de nada, porque para ti solo era importante tu propio ombligo. Abandonar mis premisas, ofrecerte mi vida entera para que nunca lo valorases.
Tu descarga insigne de egoísmo, esa bofetada en la otra mejilla que nunca quería ver venir.
Hedonista del vagueo, ególatra empedernido que te crees por encima del bien y del mal en opiniones que dejan mucho que desear, carente de buena redacción, carente de empatía y sobre todo carente de buen gusto.
Pero yo solo, solo yo tengo la culpa de no haberlo visto. Y no haberme querido un poco más a mi.
Maldigo el día en que te conocí, ojalá nunca hubiera sucedido. Mi vida ahora sería tal vez un poco mejor, sin duda.
Rompo todos los hechizos que conjuré para tu bienestar, rompo aquí y ahora todo el bien que invoqué para ti, esos que te permitieron aprobar y encontrar buen trabajo. Rotos, la Diosa sabrá si mereces mantenerlos en el futuro.
Solo deseo que la vida te devuelva por tres el sufrimiento causado. Que ha sido bastante más del que crees. Porque tu egoísmo no tiene límites ni barreras, la vida se encargará de ponerlos.