Siento una gran desazón. Quiero gritar, llorar sobre un hombro amigo, del que no dispongo.
Nadie puede entender la abrumadora soledad que reina a mi alrededor. Nadie, cuando justifican todo en el amor parental.
Siento que nadie me ha querido nunca, que nadie se ha enamorado de mí. Y esto es realmente cruel, cuando amparándote en los hechos piensas y piensas qué haces mal, qué extraño pozo de deshecho eres para que eso pase.
Y la única compañera que tienes, que eres tú misma, es tu peor enemiga. O demasiado sincera.
NO puedo más... Me ahoga la cadena que llevo al cuello, me aprieta demasiado la falta de verbo.
Quiero gritar, quiero llorar y preguntar ¿por qué? Aporreando su pecho. Por qué me has hecho esto, por qué me has tratado así, qué motivo había... Qué motivo hay.