domingo, 18 de febrero de 2018

A mi amor platónico de hoy y siempre.



Tu nombre real es J. C. pero esto no me evoca nada. Es tu sobrenombre, llevado con tanto orgullo durante tantos y tantos años el que invade mi mente de forma constante. Eres tú desde mis principios en la oscuridad, quien me llamó siempre poderosamente la atención, pero siempre me creí tan por debajo de ti que no fui capaz de acercarme tan siquiera unos metros. Te recuerdo, siempre en aquella esquina del Brujas al lado de las escaleras, yo estaba sentada en las gradas y amaba cuando sonaban tus temas y los bailabas. Me encantaba ya de entonces, me encanta recordarlo ahora. Creo que me encantará siempre.

Te perdí de vista un tiempo, pero Destino cruel quiso que volviera a recordarte coincidiendo en redes sociales, esas redes que atrapan, ahogan y matan. Pude entonces disimuladamente y sin dejar escapar ni un suspiro, conocerte y saludarte al fin. Y entonces, la caída sin fondo fue inevitable. Tu voz, tu caballerosa y anacrónica forma de hablar embriagadora, esos ojos que te rasgan el alma cuando te miran y en cuestión de milésimas de segundo deseas vivir en otro aquí y ahora distinto, para poder abalanzarte y abrazarte, besarte y sentirte correspondida, sin ojos inquisidores y sin impedimentos hechos carne que atravesaron el océano para infortunio mío.

Un "crash" como dicen ahora las jóvenes generaciones, o un flechazo sin remedio que prefiero decir yo, evocando al malintencionado Cupido que tantos desastres ha causado siempre en mi vida... esas flechas, esas flechas dirigidas en una sola dirección y nunca recíprocas... Te odio tanto pequeño alado...

He cerrado esa red social que casi me lleva a la muerte, no sin antes entrar de nuevo unos minutos para guardar todas tus fotos. El único contacto que podía mantener contigo, era tan frío e irreal, que casi es mejor así. No obstante, es imposible olvidarte, más allá de códigos binarios siempre estarás en mi mente. Tu talento, tu persona... tu recuerdo me acompaña día tras día. Sueño contigo tan a menudo, que parece que tu presencia es incluso real. Llámame loca... no puedo evitarlo.

Solo espero que si me toca vivir otra vida más, a lo cual renuncio si se me da la oportunidad ya desde ahora, al menos sea contigo, y que la memoria akhásica me deje, por un instante al menos, acordarme de lo mucho que te amaba en esta anterior vida, y lo que me ahoga saber que no puedo hacer nada.