Hoy sentía ganas de apretar el acelerador hasta el fondo. ¿Hasta cuanto alcanzán 87 cv? Quería acabar con todo, estamparme de una vez. No me frena nada más que el miedo a sobrevivir, a quedar aún peor y tener la obligación de vivir así.
Esta obligación de vivir así....
Sea lo que sea en el otro lado estaré mejor que aquí, por horrible que sea.
Crisis existencial, creo pero a la vez desconfío de mis capacidades.
No me quiero no, y por mucho que me lo digas eso no va a cambiar. Te odio cuando me lo dices.
Latas de alcohol y autodestrucción. Necesito música triste, de la que se hacía antes que ya nadie entiende.
Ellos tienen nuestra vida y nuestras alegrías en su mano. Y no están dispuestos a soltarlas tan fácilmente. Les gusta tener el poder. Y yo les odio. Les odio tanto como al que te adelanta bien pegado en carretera a toda velocidad. Les odio como una cola enorme de gente, les odio como ese momento con la cuenta bancaria casi vacía y ganas de llenar el otro vacío de la existencia con materia inerte.
Les odio, como el hecho de tener que parecer siempre feliz para no amargarles más. Porque la empatía solo mola cuando todo va bien. Les odio.
La energía fluye en el ambiente, pero mi capacidad es limitada. No soy nada. Nadie. No hay nada, no hay nadie.