lunes, 6 de octubre de 2014

Y se cumplirán cinco años y nada cambia...

Quedan pocos días para que se cumplan cinco años, cinco años ya de aquella decisión tan importante. La segunda más importante de mi vida.

Han pasado muchas cosas, he tomado mi vida por bandera, y la he dejado de tomar, he creído tener una falsa seguridad y alegría transitoria que ahora me doy cuenta no lo fueron tanto... ¿o sí? pues no lo sé... estoy hecha un lío.

De pronto todo ha vuelto a desbarajustarse.
Y es que no, no he podido con la situación. No he podido con nada.

La realidad es la que es, claro que sí, pero no puedo auto obligarme a que me parezca bonita, porque siempre me ha parecido horrorosa. En resumidas cuentas: que estar sola es lo que hay y no va a cambiar, claro que no, pero no puedo ir por ahí con la máscara del autoengaño haciendo creer al mundo que la decisión es mía, en un intento de hacérmelo creer a mi misma, porque no funciona. Y si la máscara se mueve un poquito y asoma la bofetada de la vida, pues duele horrores, y es lo que ha pasado.

"Qué tu eres muy guapa tía" te repite el mundo, como si eso sirviese de algo. Como si de pronto y porque te dijesen eso, ese tufo que fluye de algo muerto que nunca detectas, dejase de oler y te fuese a salir una fila de pretendientes... que oye, pretendientes siempre hay... claro. Los muyhijosdelagrandísimaputa mas asquerosos, que se creen que estás a su misma altura de asquerosidad y por eso eres fácil... porque saben que sabes que no te comes un rosco... !malditos! dejadme en paz... ¿por qué yo no tengo derecho a arrancarme ese loquesea muerto que apesta?

He tomado por bandera el icono del asexualismo, cuando en realidad no lo era tal... era solo el icono del "yo sólo soy tan romántica que estoy harta de todo lo demás".
He sentido envidia, llorado e incluso me he arrepentido de rechazar la falsedad de las parejas que aparentan ser lo que no son de puertas para afuera. He deseado ser ese 80% de matrimonios estadísticos que ya no se quieren, pero sonríen de cara a la galería. He odiado tanto salir sola al tranco de la puerta que he dejado de hacerlo.
He dejado de mirar al frente, por no ver que yo era impar en un mundo de pares, he sentido hasta vergüenza.

He amado y sigo amando en silencio, me sigo enamorando, a veces. Sigo pensando en gente del pasado que me gustó mucho, y en los que conocí no hace tanto que me sorprendieron. En todos los que no están tan lejos físicamente, pero sí a años luz emocionalmente. Porque sí, porque la realidad del mundo es la que tengo delante, y es que siempre será así. ¿Qué se podría esperar? Armarse de valor, daría como respuesta solo sexo, como ya pasó en alguna ocasión, llevando a la desilusión más rotunda de nuevo, o a negativas tajantes, llevando con ello a otras cuestiones también deprimentes. Ante tal situación, me reprimo a mi misma, y no lo intento... no, es vital no intentarlo.

En un mundo de rivales, donde mis cartas no son precisamente las mejores, la partida no está perdida si no se empieza. La partida, se llora en silencio en un rincón del cuarto. La partida, no debió jamás pensarse pero... es inútil, aparece en sueños.
La partida, es tan dificil... este mundo, este mundo no está configurado a mi medida.