lunes, 21 de mayo de 2012

El amor correspondido no existe.


                                                         "The Lovers" Gallen-kallela.

Entre las creencias antiguas y la negación sistemática del Darwinismo, se sostiene, se cree y se habla razas antiguas, diferentes; pueblos habitados por seres muy superiores a los hombres en su forma y en su espíritu que lentamente y con el paso del tiempo, fueron involucionando a lo que somos ahora... un amalgama de huesos y carne movido por impulsos y en muchos casos nada mas que por hormonas. Triste descripción, lo sé, y más aún porque parece que olvido a miles de destacados personajes de entre nuestras filas de homo sapiens o "humanidad de la edad de hierro"... pero en comparación con lo que fueron estas antiguas humanidades realmente... no somos nada. Son éstas a las que me refiero las llamadas 7 RAZAS DE LA HUMANIDAD, las siete razas terrestres que han ido poblando nuestra tierra a lo largo de millones de años, desde el Caos primigenio.

Me centraré ahora en el tema que acontece al título de mi post, y por ello, me remontaré a la primera raza, la Raza Polar o Protoplasmática: esa raza, que se dice vivió en la zona nórdica o región de Thule, por ello también llamada raza polar. Eran seres etereos, no corporeos, y lo mas importante de todo: andróginos. Se reproducian de forma celular. Todo un avance. Desapareción de forma misteriosa, y según distintas formas y leyendas dispares.

Con la desaparición de la raza Protoplasmática, apareció la segunda raza o llamada Hiperbórea. No se conoce con exactitud el lugar que habitaban, se cree que estaban emplazados en la llamada Arcadia, región ésta situada en la antigua Siberia. También eran éstos seres etéreos y hermafrodítas. Su concepción del amor pues, era mucho mas elevada que la nuestra: eran seres completamente espirituales, estaban en contacto pleno con los dioses, con el elemental de todos los seres, de la naturaleza, los animales, la energía vital de todos los elementos... pero al estar completos, a formar la diada el-ella no necesitaban nada más. Se dice de esta raza que algunos seres evolucionaron hacia el astral, y otros involucionaron hacia lo que somos ahora.

La tercera raza o Raza Lemur, es la que vino después. Esa raza era mucho menos espiritual, mas física, aunque también seguía siendo hermafrodíta. Era la llamada raza de los gigantes, median de 5 a 6 metros, y se cree que su hábitat se encontraba definido en la zona de Australia y el Océano Pacífico. Se cree que se reporducían por gemación (de hecho, es de los Lemures precisamente de donde parten algunas leyendas de dioses Griegas y Romanas.)
Es en realidad de esta raza, de la cual parte nuestra humanidad actual, y en la cual se han inspirado todas las leyendas antiguas que aparecen descritas en la Biblia, en los Eddas, en el Kalevala, y en tantos otros libros históricos y mitológicos. Su involución se cree que vino dada, porque perdieron las ganas de vivir, y la tierra los castigó con 10.000 años de terremotos hasta su desaparición.

La cuarta raza, o Raza Atlante, aparecía en el mundo a la vez que la Lemuria iba desapareciendo. Se dice que toda la mitología griega se ha inspirado en esta civilización, y que algunos pueblos actuales, como los tibetanos o los egipcios antiguos surgieron de ellos. Lo mas destacable, es que los Atlantes disponían de una alta tecnología y un increible progreso que les hizo constituirse como uno de los pueblos mas avanzados de la historia de la humanidad. Pero por contra, ya no eran hermafroditas, sino que se habían separado sus sexos formando el hombre y la mujer y además ya eran seres completamente corporeos, aunque con un absoluto dominio de la cuarta dimensión.

Esto trajo al mundo la eterna búsqueda de la diada el-ella, el eterno hermafrodita ya no existía... el elemental absoluto se había dividido por involución. Ya la espiritualidad no era infinita... el hombre vive condenado por contra a la búsqueda de su otra mitad.
Y somos tantos seres en este mundo, tantos elementales, almas, energías separadas en un mundo tan grande, que es prácticamente imposible dar con nuestra otra mitad, con nuestro hiperboreo, con nuestro Protoplasma primigenio.

Por eso tendemos siempre, en una eterna búsqueda, a encontrar a esa persona, a ese "otro yo". Puede que en la eterna necesidad de estar con alguien, de sentirnos "completos" nos conformemos con alguien similar a nuestro lado... pero nunca será esa otra parte, porque si así fuese, si diesemos con nuestra diada, con nuestra alma gemela... los dioses se encargarían de castigarnos, de arrebatárnosla.
Vivimos en la involución, y nuestro castigo es, estar solos.

Es por tanto que, nunca encontraremos el amor.