Y andaba yo con culpabilidad por haberte dejado, pensando en lo "débil" que te sentías, tras pregonar constantemente lo poco que te querías y lo poco que te gustabas. Y hasta me lo creí y todo.
Sin más preámbulos ni explicaciones, vengo a dejar escrito lo revelador que ha sido darme cuenta que en realidad te quieres bastante. Y no solo eso: eres un narcisista.
Porque no fuiste capaz de hacer nada que no fuese mirar por tus intereses. Vacaciones, le llamabas a venir a verme, nunca por lo segundo.
Qué eres incapaz de querer a nadie más allá de ti mismo, que eres incapaz de responder a un triste mensaje de la gente que te quiere y se preocupa por ti. Porque para ti solo tú y tu propio disfrute son lo único que importa.
Qué eres un tirado porque quieres y te beneficia, que vivir bajo el techo de mami es cómodo y gratuito. Que las oportunidades en tu vida no son tal, si requieren el más mínimo esfuerzo.
Qué el estar por estar con alguien a quien no quieres, te parecía correcto, mientras pensabas en tu "glorioso" pasado con aquella niñata (egocéntrica y estúpida, según todos - si, todos-- los que la conocieron.) La horma para tu zapato, supongo.
Qué sabias que hacías daño, me hacías daño, pero te da igual todo el mundo y como se sienta, mientras tú sigas tu ritmo de hacer lo que te da la puta gana sin miramientos.
Te informo, querido, de que tu madre no será eterna, y te tocará pagar recibos algún día. Menuda pena.
Qué preocupas a tus amigos con ideas suicidas, mientras que, nada más lejos, estás de puta madre. Pero desinstalas el WhatsApp sin avisar porque, que más da el resto.
Qué en el fondo sabes bien, que eres lo puto peor, pero lo disimulas, le das la vuelta, haces el teatrillo y para colmo pides espacio a alguien con quien hablas cada cinco días y tienes a 300 kilómetros. ¿Cuánto espacio más quieres?
Egoísta, ególatra, narcisista. Te puedes pudrir en tus propias heces. Yo ya te he superado.