Algo me lo decía, algo me hacía llorar días antes, y sabía bien, que no viajaría.
Los vientos de Mari se llevan lo que sobra, y en efecto, se lo llevaron.
Ella no quita sin dar, pero se lleva lo que no interesa.
Él tenía más defectos que virtudes, aunque yo quería acallarlos.
Y sin duda, la que estará mejor sin él, soy yo.
Ya no me quedaba ilusión, desde aquel abandono de agosto, y sabía que tarde o temprano sucedería. Y esa falta de madurez, que acaba con los nervios de cualquiera. No han pasado por ti los últimos 10 años en lo que respecta a ello, un niñato encerrado en un cuerpo bien cascado.
Ahora ya no va a venir nadie a desorganizar la vida que tanto me ha costado levantar. Por mucho que se crea mejor que yo... nadie lo es. La vida solo ha sido cuestión de oportunidades, y una familia correcta.
Y soy mujer de la Diosa, lo soy y acato sus decisiones con alegría, que algo nuevo vendrá y será mejor.
No te necesito. No os necesito a ninguno.
Hasta nunca, Sr. Riego.