Este texto se lo dedico a las personas que este pasado fin de semana me han hecho darme cuenta lo bien que se les da no tener ni una pizca de conciencia. Lo bien que se les da dar la vuelta a la tortilla, puesto que ellas y su circunstancia son siempre lo primero, que saben venderse estupéndamente y hacerte sentir fatal. Dedicado a esas personas que me han tratado como un clinex, que son egoistas, no respetan y para colmo te tachan a ti precisamente de esos mismos defectos que bien saben que son ellos quienes los tienen.
Dedicado a esas personas que lo suyo es lo primero y cuando están mal lo peor siempre, que no escuchan ni tratan de entenderte, pero tu les tienes que comprender en todo, y como siempre, adaptarte a ellos o se cogen el cesto de las chufas. Dedicado a su falta de conciencia: ni una pizca.
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Por contra a todo esto, la vida me demuestra que también y pese a todo, hay gente estupenda por ahí muy diferente a ellos, con conciencia mucho mas parecida a la mía. La conciencia que no pide respeto por comer muertos, por matar, la conciencia que respeta la vida de los animales. La conciencia de respetarte a ti en tus diferencias y que tú les respetes en las suyas, sin necesidad de exigirlo, porque todo es una búsqueda sin exigencias por el bien común: existen.
Por todo ello, la gente que no vale, que se vaya, y los que sí que permanezcan a mi lado: